Un evento que poseía una gran contradicción como esta, logró reunir a más de 60 mil fanáticos en uno de los momentos históricos de este año. Es curioso, que todos querían que llegara pronto el concierto, pero no querían que acabase este legado.


Lo que Black Sabbath ha escrito en sus años de carrera es un tremendo legado para todo lo que siguió a ellos. Ayer cientos de fanáticos llegaron a presentar sus respetos a los “padres” del género.


El evento comenzó con los nacionales de Yajaira, que llevaron su Stoner Rock a todos los presentes, que ya ocupaban la mitad del recinto allá en Santiago. Un show que logró entretener y mantener ansioso al público, quienes comenzaban a impacientarse a medida que los minutos pasaban.


Rival Sons fue una grata sorpresa para muchos, debido a que la banda con su peculiar Hard Rock impactaron a un público del cual no eran locales, con canciones como: “Pressure and Time”, “Open My Eyes” y “Keep On Swiging”.
Sin embargo, “The End” era próximo, y cuando fueron las 21hrs en Chile el fin comenzó.
Usando las pantallas que decoraban un impresionante escenario, comenzó la proyección de un mundo en ruinas, donde todo nos llevaba al nacimiento de un oscuro y tenebroso demonio, quien con su fuego daba vida a “Black Sabbath”.
Tanto la banda como la canción hicieron su aparición en escena, donde los gritos y puños al aire fueron la tónica del recinto. Un sonido como ningún otro, que logró siempre destacar por buen nivel. Un inicio lento, pero que sólo bandas como Black Sabbath saben cómo manipular, para que en la parte final liberen el caos en todo el lugar. “Fairies Wear Boots” nos lleva a la época de los 70’s, donde la psicodelia eran parte elemento de la música, jugando con las pantallas y distorsionando las figuras de los músicos que estaban en el escenario. Sonando pesado y a la vez sencillo, los ingleses logran impactar a sus fanáticos que hacen headbang y cantan con los demoledores Riffs de fondo.
After Forever” fue algo inédito para los fans en Chile, una canción que no siempre tenemos la ocasión de escuchar. Los más fanáticos cantaron y disfrutaron de ese track, mientras que otros admiraban atónicos como la banda usaba la tecnología para volver a los 70’s en un psicodélico e hipnótico show de rock.  “Into The Void” mantuvo esa estética alucinógena, donde la magia en la voz de Ozzy Osbourne mantuvo a todos seducidos en sus oscuras letras, Geezer azotó con sus pulsadas en el bajo y Iommy atrapó a todos en demoledores lead de guitarra, generando una atmósfera de respeto y admiración.
Ozzy introduce la alocada “Snowblind”, y además trajo consigo su juego con el público “Cuckoo”, donde a los primeros riff de Iommy la primera bengala de la noche se hizo aparecer. Demoledora es la combinación de los cuatro músicos en escena, que han resumido su más de cuarenta años de carrera en ejecuciones que bordear la perfección, si comparamos las canciones al sonido del disco. Si esto no fuera suficiente, “War Pigs” le dio un segundo impacto al público, quienes acompañaron precisamente con las palmas a los músicos. Una larga entrega, que dejo en claro que los padres del metal aún tienen la energía suficiente para tener un completo estadio a sus pies. El sonido es impecable en todo momento y la entrega del público pude ser mejor, pero eso será analizado más adelante.
“Behind The Wall Of Sleep” trajo el sonido blues jazz al estadio donde las Air Guitar se presentaron en todo momento. El show de Black Sabbath resulta ser hipnótico, atrapando a los fanáticos en un trance del que probablemente no se liberen nunca y logra romper el hechizo con fuertes momentos de energía. La introducción de la banda da pie para que Geezer Butler utilice “Bassically” como el puente a “N.I.B.”. El bajo sube un poco su volumen, para guiar los saltos del público, Iommy guía los headbang y Ozzy nos acompaña para el canto. Las bengalas aparecen simultáneamente en diversos puntos de la cancha, una euforia contenida que los fans liberaban por última vez.
Una sorpresa fue la llegaba de “Hand Of Doom”, canción que la banda había desistido de tocar en otros países se hizo presente en el setlist. Una pieza de lujo nunca antes vista acá, donde algunos decidieron cantar como si no hubiese un mañana y otros sólo contemplar dicho escenario. Tommy Clufetos es el músico que no ha sido mencionado hasta el momento, pero lo del baterista merece su propia sección. Un solo de batería inigualable, de mano de “Rat Salad”, donde Clufetos mostró como un músico joven se adueña del sonido clásico de una banda, en una ejecución que dejo sin palabras y con cientos de aplausos.
Junto con las palmas de los presentes “Iron Man” llevó, donde las voces resonaron en todo el estadio. Un sonido en seco que sorprendía a cualquiera que no estuviese cantando. Una entrega que logró hacer saltar a todos en una locura desatada dentro del recinto deportivo. “Dirty Women” fue el momento del gran Iommy, donde si bien la banda continua con la ejecución de la canción el guitarrista toma el protagónico en una majestuosa y sublime ejecución de un solo que logra de forma obligatoria los aplausos de los presentes.
Ozzy anuncia que, si la gente se vuelve loca en la siguiente canción, habrá un encore. El público estaba ansioso de este concierto y “Children Of The Grave” logró ser la pista precisa para lograr dicha euforia. Demoledores en todo momento y con tres bengalas en la cancha, se desata uno de los más épicos y demoledores finales para el concierto. Sin embargo, había una promesa con el vocalista, siendo la pieza final “Paranoid”. Un derroche de energía tanto por los presentes como por la banda que termino con una potente ovación de todo el recinto.
Cuando el show termina en las pantallas se proyectan las imágenes “The End” y donde la gente queda ansiosa y esperando algo más. Ese era el problema de este show, todos queríamos más, pero este era el fin. No hay más Black Sabbath en Chile, debido a que acá termina este viaje.
Un momento triste, que se selló con un setlist de lujo. Donde el público fue diverso. No estaba necesariamente el metalero desenfrenado que acostumbramos, también fueron los rockeros clásicos y uno que otro más hippie. Fue un show distinto que permitió a los fanáticos expresarse de la manera que mejor lo estimaban. Sólo para que al final todos dijéramos “Adiós”.
Si bien la imagen puede ser triste, hay una postal que quedo para el recuerdo, los niños. Cientos de padres llevaron a sus hijos a esta última misa, donde es inevitable no recordar la escena de los curas aludiendo al poder subliminal e hipnótico de Ozzy. La imagen de los niños pequeños, sobre los hombros de sus padres, haciendo el símbolo creado por Dio y gritando cada una de las canciones de la banda, es lo que necesitaba este final.
La semilla del mal y del demonio fue predicada, por los pastores llamados Black Sabbath. En esos niños, en eso fanáticos y en todos los que los escucharon alguna vez, está el futuro del metal. Anoche muere el metal en Chile, pero su resurrección está más que próxima a llegar.
Sólo queda decir: ¡Gracias por tanto, Black Sabbath!”
Review realizado por Felipe Pino Guerrero
Fotografía de Carlos Müler




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