"En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Y la tierra estaba vacía y sin orden, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces Dios dijo: 'Que se haga la luz'. Y hubo luz. Y Dios vio que la luz era buena; y separó la luz de las tinieblas. Y en la oscuridad nació Black Sabbath. Entonces Dios miró con asombro como Tony Iommi empleó en su guitarra el Intervalo del Diablo e inventó el Heavy Metal, y la tierra fue abrazada por la oscuridad de nuevo. Y Dios dijo 'A la mierda, me voy. Dejo todo en sus manos'. Y así empezó el reinado de Black Sabbath".

Si existiera una biblia del Heavy Metal, estos serían los primeros versículos del Génesis. Black Sabbath, en efecto, dio las primeras formulas del género con suma autoridad, poder y arte, por lo que la creación sería efectivamente así. Por más de 4 décadas, y desde el histórico lanzamiento de su homónimo álbum debut, no ha existido otra banda que se haya acercado al nivel de su legado y haya definido el heavy metal como el poderoso y pasionario género que es hoy.

Uno de los más emocionantes aspectos de este género que ha llenado nuestros oscuros corazones es el hecho de que el metal está en constante evolución, y siempre en un estado de flujo. Para bien o para mal el metal sería demasiado distinto hoy en día si removiéramos a grandes influencias como: Iron Maiden, Judas Priest, Metallica, Slayer, Death, Pantera, Mayhem, Helloween; por tan solo nombrar unos cuantos innovadores que definieron y enriquecieron al metal, haciendo que nunca se haya oxidado, que nunca pare y sigue en forma.

Pero Black Sabbath es la fuente, el núcleo, la placa madre. Y es que la música que Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward concibieron fue de lo más espectacular, y no existe nadie que lo pueda negar. No tuvieron límites. La gran muestra de ellos son sus 6 primeras producciones, en las que el cuarteto estuvieron siempre en la cima en término de influencia e importancia. Todos citan absolutamente a los poderosos riffs de Tony, a la terrorífica voz de Ozzy, a las hipnóticas líneas de bajo de Geezer y a los insanos redobles de Bill como la razón y motivación principal para tocar heavy metal.

Incluso si una cruel y omnipotente fuerza borrara todas las producciones después del disco "Sabotage", todavía existiría la magia en esas primeras 49 canciones de Black Sabbath para englobar y proteger el estatus del heavy metal como una religión. Por supuesto los discos siguientes con Dio, Ian Gillan y demás vocalistas que pasaron por las filas de la banda demostraron épocas totalmente distintas y maduras que las que crearon con Ozzy, y son producciones de culto, pero lo que se formó primero creo un capitulo importante en la historia de la música.

El punto de inicio en el legado e impacto de Black Sabbath, por supuesto, son los icónicos riffs de sus más grandes temas, como Iron Man, Paranoid, Sweet Leaf, Supernaut, Symptom Of The Universe, Hole In The Sky, etc, que son piezas obligadas para cualquier guitarrista que quiera empezar a tocar rock y metal, en especial Paranoid, una canción interpretada tantas veces por músicos y profesores como el clásico "Smoke On The Water" de Deep Purple.

Un ejemplo muy claro de cuan fuerte es la influencia de Black Sabbath en todos los bangers setenteros y ochenteros es Robb Flynn, guitarrista de Machine Head, quien a la edad de 13 años escuchó por primera vez el debut del cuarteto, y solo atinó a decir "Nunca había escuchado algo tan terrorífico, oscuro y malvado".

Otro gran ejemplo lo cita el frontman de Metallica, James Hetfield, quien en su discurso de inducción a Black Sabbath al Rock And Roll Hall Of Fame del 2006 dijo: "Mi primer encuentro con Black Sabbath fue a los 9 años, y fue poderoso, ruidoso y con un pesado sonido que movió mi alma. Esos riffs monstruosos vivieron dentro de ellos y describieron los sentimientos que jamás podían decirse con palabras. Mostraron una escalofriante inspiración a través de su arte, con esas letras melancólicas y acordes al margen de la ley. Ellos ayudaron a romper la coraza en la que estábamos todos atrapados".

Con esas frases emotivas y cuidadosamente seleccionadas, Hetfield describió perfectamente al heavy metal como una fuerza transformadora, y en aquellos himnos de Sabbath el metal puede ser escuchado en su más pura esencia. Y hablando objetivamente solo hay dos bandas, casualmente británicas también, que puede aclamar una parecida influencia en el género: Judas Priest y Iron Maiden, tanto en estilo y actitud como en lo épico y multitudinario, respectivamente, para el heavy metal. Pero mientras el legendario estatus de ambas bandas se forjó en mitad de los 70's y agarraron fuerza y masiva convocatoria en los 80's, Black Sabbath ya había conquistado el mundo y puesto la piedra angular del género para que las nuevas bandas inundaran la industria musical con metal.

Claro, tampoco hay que olvidar que han estado continuamente en los medios no solo por su música, sino porque no han sido precisamente unos angelitos del señor. En especial con los demonios que Ozzy Osbourne tenía e intensificaba por la fuerte adicción de él y sus compañeros por la cocaína, adicción que al vocalista se le fue de las manos y obligó su separación de la banda en 1978, al poco tiempo de grabar el disco "Never Say Die!".  Pero son cosas que pasan hasta en las mejores familias, y que felizmente todos han superado a tiempo antes de que hubiesen consecuencias fatales, sobre todo con Osbourne (¡Gracias Sharon!).

Y para cerrar esta reseña diremos esta frase: "Sin Black Sabbath no hay vida". Es así, y el legado de los cuatro de Birmingham vivirá por siempre en la esencia de todo metalero que se precie. 


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