La banda argentina liderada por el Pato Larralde colmó el Roxi Live de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, mostrando nuevamente que su fórmula de rockear, única en su especie, no se detiene y, lentamente, va por más.

En un momento, promediando el show el chamánico cantante, hace una pregunta que bien podría definir el presente de su banda: “¿Quién viene por primera vez a vernos? ¿Y? ¿La están pasando bien?” Ante la afirmativa respuesta, y su consecuente sonrisa, de la veintena de nuevos concurrentes queda demostrado: su banda ha encontrado la fórmula justa para lograr algo más que apenas subsistir, en los tiempos que corren para el metal y el rock en general.
Su propuesta crece y es evidente porque siempre hay un par de decenas de  caras nuevas y porque por ejemplo pasaron del Uniclub al Roxi, local con una capacidad evidentemente mayor. Y lo hizo con un público 100% propio, sin bandas soportes de gran concurrencia como lo fue en este caso JB Larralde, el hermano del Pato, con su proyecto solista.
 Pero este crecimiento no es repentino ni fugaz. Ya no existen, ni parece que existirán más, casos como los de Hermética, con su linaje pasado, ni los de ANIMAL.  No se valen de video clips ni de hits en la radio. Tampoco hay ningún periodista que los infle desde los micrófonos, ni una multinacional  que los exhiba en la vidriera de moda.
Con una propuesta de calidad, pero además honesta, no reinventan nada, pero sí se valen de las infalibles armas que les han dejado los antepasados: riffs, muchos y “sabbatheros”. Capas de riffs en las guitarras. Momentos death metal en la voz, contundencia doom en las bases, mucho rock del más clásico, el carisma de un frontman único y unas letras que identifican a los fans como hacía mucho no pasaba.
Y así, a fuerza de contundencia y buenas canciones es que esta combinación de músicos provenientes de diferentes bandas, todas del género pesado, es que no para de crecer desde hace ya cuatro años.
La del Roxi  se caracterizó por ser una actuación no tan ajustada como otras veces, con algún pifie y un arranque algo desarticulado, pero sí con un acalorado y permanente intercambio entre público y banda.
La Culpa al Viento, fue uno de esos momentos: la letra del tema dio pie para una de las arengas de la noche: “tenemos que aguantar. Nosotros los más grandes ya pasamos muchas. Pero tenemos que cuidar a las generaciones que vienen”, proclamó Pato justo antes de explotar ese gran tema, que tiene futuro de himno de la nueva escena pesada, y que narra la vida de esos quienes viven ya ni saber por qué, en el cemento, sin alma ni sueños.
“La revolución no la para nadie, no nos van a parar”, continuó Pato justo antes de comenzar El Hombre que no se quiere ir, otro de los temas más aclamados de su última placa, Madera Prohibida. Pero no sin antes aclarar: “pero la revolución es nuestra, va por dentro, no es solo de la boca para afuera. No sirve de nada andar hablando de la revolución cuando al final terminás cagando al de al lado”.

El show continuó con el repaso también de su primer disco, Simple. Y hubo tiempo para el estreno de un nuevo tema, claramente en plan menos extremo, Senda de la luz fantasmal; el cual será parte de su próximo trabajo, el tercer LP que se llamará Oro para las naves.
El cierre fue como siempre para la “balada” (?) El inventor del Mal y Hecho a mi medida.  Tema que, además de ya ser casi un “hit” del underground porteño, relata con bastante aproximación lo que muchos van a buscar en esos 70 minutos que duran los shows de Los Antiguos: un infierno, especial, hecho a medida.
Pablo Tassart

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