Foto: Flor Conde fotografía


“Qué bueno es ver una banda en vivo que conserve intacto su poder de fuego”, así describía el viejo periodista de rock Alfredo Rosso a los Black Rabel Motorcycle Club hace poco, en su última visita. Bien, esta valoración también le cabe a Max Cavalera luego de haberlo visto en acción en el Palermo Club de Buenos Aires, el sábado 2 de abril.
Aquella reflexión de Rosso no fue casual y tampoco lo es en este caso. En épocas en la que los ídolos de siempre se van apagando, la escena metalera es una de las que más está sintiendo el paso de los años. Ya sin Dio ni Lemmy, con Brian Johnson fuera de servicio obligado por sus compañeros, con Tommy Iommy a pasos del retiro (por el mismo anunciado) y con Phil Anselmo derrapando cada vez que abre la boca, el ocaso de la escena aparece como una amenaza. Y más si vemos que las discográficas ya se han bajado de la tarea, que antaño tan bien sabían hacer, de promover nuevas figuras.
Aquí es donde aparece Max con Soulfly en la noche de sábado en Buenos Aires, para darnos esperanzas. Con unos evidentes kilos demás, pero en impecable forma musical, deleitó a los fanáticos y a todo aquel que se haya animado a internarse en las fauces de una bestia que, al rugido de frases como “Eye for an Eye”, hizo temblar hasta el último rincón del atiborrado lugar.   
En una presentación que fue claramente de menos a más (a muchísimo más) se podría decir que la maquinaria recién terminó de encender luego de pasados unos diez minutos de show: “Blood fire war hate”, del álbum Conquer, generó el primer gran remolino de descontrol entre los asistentes, señal que fue percibida por los músicos. Público y banda se acomodaron finalmente a un sonido algo bajo para la ocasión, y desde allí nada se detuvo, todo fue más y más extremo en una noche en la que se alternaron viejos clásicos de la trayectoria de Soulfly –“Umbabarauma” o “No hope=no fear”- y temas de su nueva placa, Archangel.
Por supuesto no faltó el hiper esperado “Sepultura’s time”: “Refuese/resist” y “Territory” por el lado del Chaos AD, primero; y luego “Roots bloody Roots” y “Attitude”, de Roots; desgarraron las gargantas de las casi mil personas presentes, quienes escupieron casi en la cara del cantante brasilero de principio a fin las letras de estos ya himnos para la escena.
La interacción entre banda y fans resulta un punto a destacar: en un lugar pequeño, con un escenario bajo y que permitía una interesante cercanía con los músicos, el poder escénico de Max, y sus compañeros (párrarafo aparte para la imparable actuación del proveniente de Havok, Mike Leon, reciente incorporacion en el bajo) hizo que la energía fluyera a más de mil volts ida y vuelta entre tema y tema.
Porque más allá de las arengas, homenajes –a Mr. Kilmister via Ace of Spades- o invitados – Eric Bobo de Cypress Hill en percusión- Cavalera se metió al público en el bolsillo a pura energía y magnetismo de su performance.  Por eso el momento máximo de la noche estuvo con la interpretación del viejo “Arise”: tanto banda como gente descontrolaron a más no poder con una versión ultra pesada de un tema ya de por si pesado, demostrando cómo el público argentino prefiere la versión más death metal del brasilero.
Finalmente Max se fue luego de dos horas de actuación. Abandonó el escenario a las corridas entre un público incrédulo y todavía exultante. De fondo el resto de la banda hacía sonar una acelerada versión de The Trooper de Iron Maiden.
Fue como un shock de distorsión y energía. Y no solo un revival nostálgico de tiempos pasados. Fue más bien una sensación: la leyenda esta viva, todavía hay esperanzas.


Un adelanto de lo que fue el show de Soulfly ayer en palermo club
Posted by Flor Conde fotografía on domingo, 3 de abril de 2016

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