Rodney Schmaltz, profesor de Psicología de la Universidad McMaster de Edmonton, Canadá, elaboró un artículo, publicado en la revista Frontiers in Psychology, en que asegura la utilidad de dicho estilo de música en la promoción del pensamiento científico al interior de la sala de clases.

En una definición simple, el pensamiento científico busca desarrollar acciones para resolver problemas, a través de estudios, la objetividad, pruebas factibles y la racionalidad. En base a eso, Schmaltz sacó a colación dos ejemplos en que el heavy metal sirve de herramienta: Los aparentes mensajes subliminales en algunas canciones de Judas Priest (acusación dada en 1990) y la supuesta inspiración de las canciones 'Postmortem' y 'Dead Skin Mask' de Slayer en dos muchachos, para asesinar en 1996 a un niña.

Sobre el primer caso, el docente explica que dota de una interesante discusión en el aula "sobre cómo las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias... Este ejemplo ayuda a los estudiantes a entender mejor la manipulación de variables, características de la demanda y los problemas de la generalización... Aquí, los estudiantes entenderán que la música no da lugar a un comportamiento problemático o perjudicial".

Acerca del segundo ejemplo, el catedrático apeló al error que muchos atribuyen al relacionar el heavy metal con el comportamiento humano: "El caso no fue a juicio, en tanto que los culpables del crimen tenían un historial de mala conducta, abuso de drogas y alcohol, así como otros factores que demostraron claramente que escuchar la música de Slayer no fue la causa de aquellos terribles crímenes".

[vía rockaxis.com]

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